And neither should you.

Para esa persona, el café es un verbo, no un estatus. Es sentarse en una mesa vieja a mirarte a los ojos. Es pedir un café americano sin importarle el método de extracción, simplemente porque lo que importa es la conversación que acompaña a la taza. Es el pretexto perfecto para el silencio cómodo, para el chisme ligero, para escucharte quejarte de tu jefe sin sugerirte un libro de autoayuda para "gestionar tus emociones". Volver a lo tangible: Ojos que miran, manos que tocan