Carta Para Mi Madre 50 A%c3%b1os Fallecida Para: Llorar [better]
A veces cierro los ojos e intento reconstruir tu voz en mi memoria. Me aterra pensar que el tiempo borre los matices de tu risa. Por eso guardo tus recuerdos como el tesoro más valioso de mi existencia. Recordarte es mantenerte viva; llorarte es la prueba irrefutable de que el cordón umbilical que nos une jamás podrá ser cortado por la muerte, ni por el paso de cincuenta inviernos. Gracias por el legado de tu amor
A pesar de las lágrimas que hoy mojan este papel, esta carta también es un canto de gratitud. Gracias, mamá, por los años que me regalaste. Fueron suficientes para sembrar en mí los valores, la fuerza y la resiliencia que me han sostenido durante estas cinco décadas de ausencia. Si he logrado ser una buena persona, si he sabido amar y levantarme de mis propias caídas, es porque tu ejemplo fue la mejor escuela. carta para mi madre 50 a%C3%B1os fallecida para llorar
Te fuiste demasiado pronto. Me quedé con tantas preguntas sin hacer, con tantos abrazos guardados en el pecho y con un "te amo" constante atorado en la garganta. Me dolió tanto necesitarte en mis peores momentos y tener que conformarme con mirar al cielo buscando una señal, una estrella, un viento suave que me dijera que seguías ahí, cuidándome. Cuánta falta me hiciste cuando tuve que tomar decisiones difíciles, cuando el mundo se me vino encima y solo anhelaba esconderme en tu regazo para sentirme a salvo de todo. A veces cierro los ojos e intento reconstruir
Nos veremos pronto, mamá. Mientras tanto, cuídame desde donde estés. Y si puedes, mándame una señal. Una mariposa, un sueño bonito, o simplemente un poco de esa paz que solo tú sabías darme. Recordarte es mantenerte viva; llorarte es la prueba
No te voy a mentir: hoy lloro. Lloro por la falta que me hiciste, por los abrazos que se quedaron en el aire y por la madre que la vida me arrebató demasiado pronto. Pero entre las lágrimas, también te doy las gracias. Gracias por haberme dado la vida y por haber sembrado en mí el amor que hoy me permite recordarte con tanta fuerza.
A veces cierro los ojos e intento reconstruir tu voz en mi memoria. Me aterra pensar que el tiempo borre los matices de tu risa. Por eso guardo tus recuerdos como el tesoro más valioso de mi existencia. Recordarte es mantenerte viva; llorarte es la prueba irrefutable de que el cordón umbilical que nos une jamás podrá ser cortado por la muerte, ni por el paso de cincuenta inviernos. Gracias por el legado de tu amor
A pesar de las lágrimas que hoy mojan este papel, esta carta también es un canto de gratitud. Gracias, mamá, por los años que me regalaste. Fueron suficientes para sembrar en mí los valores, la fuerza y la resiliencia que me han sostenido durante estas cinco décadas de ausencia. Si he logrado ser una buena persona, si he sabido amar y levantarme de mis propias caídas, es porque tu ejemplo fue la mejor escuela.
Te fuiste demasiado pronto. Me quedé con tantas preguntas sin hacer, con tantos abrazos guardados en el pecho y con un "te amo" constante atorado en la garganta. Me dolió tanto necesitarte en mis peores momentos y tener que conformarme con mirar al cielo buscando una señal, una estrella, un viento suave que me dijera que seguías ahí, cuidándome. Cuánta falta me hiciste cuando tuve que tomar decisiones difíciles, cuando el mundo se me vino encima y solo anhelaba esconderme en tu regazo para sentirme a salvo de todo.
Nos veremos pronto, mamá. Mientras tanto, cuídame desde donde estés. Y si puedes, mándame una señal. Una mariposa, un sueño bonito, o simplemente un poco de esa paz que solo tú sabías darme.
No te voy a mentir: hoy lloro. Lloro por la falta que me hiciste, por los abrazos que se quedaron en el aire y por la madre que la vida me arrebató demasiado pronto. Pero entre las lágrimas, también te doy las gracias. Gracias por haberme dado la vida y por haber sembrado en mí el amor que hoy me permite recordarte con tanta fuerza.