Julián frunció el ceño. Avanzó. Las páginas siguientes no contenían texto, sino imágenes de baja resolución. Eran fotos de su propio escritorio. Fotos de su habitación. Fotos tomadas desde una ventana, en un día lluvioso como ese.
Donde el autor reflexiona sobre cómo el tiempo y sus propias experiencias (incluyendo cientos de conversaciones con mentes brillantes en su podcast) han cambiado o reafirmado su visión de los capítulos.
—Significa que es un PDF comprimido, Marcus. Algo ligero. Algo que viaja ligero —murmuró Julián, ajustándose las gafas mientras tecleaba comandos en la pantalla negra del terminal.